Por: JAIME ARRUZ
Este turismo de la firma italiana creada por Vincenzo Lancia también fue pionero al montar un motor de 4 cilindros en V a 14 grados, que con 2.120 centímetros cúbicos era capaz de ofrecer una potencia máxima 49 CV a 3.250 revoluciones por minuto. En los nueve años en los que estuvo en producción, entre principios de 1923 y finales de 1931, el Lancia Lambda llegó a estar propulsado por motores más potentes, como el de 2.370 cc y 59 CV de la séptima serie (1926-1928) y el de 2.570 cc y 69 CV que montaron las series octava (1928-1930) y novena (1931).
El avance tecnológico más importante de este vehículo fue la adopción de carrocería autoportante. Esta técnica de construcción permite que la chapa del coche soporte algo o todo el peso estructural del vehículo, de ahí que se denominen chasis monocasco o semimonocasco. La idea de fabricar el Lambda pasó por la cabeza de Vincenzo Lancia a finales de la primera década del siglo XX. El objetivo era crear un coche revolucionario que dejara atrás los chasis y las suspensiones convencionales. La decisión de apostar por este tipo de amortiguación fue adoptada por el fundador de la marca transalpina después de sufrir un accidente a bordo de un Lancia Kappa a causa de la rotura de una ballesta.
El primer prototipo terminó de producirse el 21 de abril de 1921 y fue probado por el propio Vincenzo Lancia en la colina de Moncenisio, en los alrededores de Turín. El trabajo con el prototipo permitió que se incluyeran ciertas variaciones en la versión definitiva. La más importante fue la adopción de frenos en las ruedas delanteras, a pesar de que el patrón de Lancia había demostrado anteriormente cierta desconfianza ante esta posibilidad.
El montaje de los frenos delanteros supuso otro quebradero de cabeza para los ingenieros de la casa turinesa, ya que la suspensión independiente ocupaba mucho espacio. Finalmente, se resolvió el problema y el Lambda pudo montar frenos y suspensión independiente en el eje delantero.
Tras más de un año de trabajo, Lancia pudo presentar oficialmente su nueva creación en 1922, en los salones de París y Londres. Con algo más de 1.000 kilos de peso y un motor de 4 cilindros en V de 2.120 centímetros cúbicos, que desarrollaba 49 CV, era capaz de alcanzar los 110 kilómetros por hora. En él podían viajar cuatro personas y su equipaje, siempre que no superase los 100 kilos.
La comercialización del Lambda en Italia arrancó en junio de 1923 con un precio de 43.000 liras. El coste de este revolucionario automóvil, elevado pero no prohibitivo para la sociedad de la época, se mantuvo uniforme durante los 9 años que estuvo a la venta, aunque la séptima serie, de mitad de 1926 a marzo de 1928, llegó a tener un precio de 50.000 liras.
En total, Lancia fabricó unas 13.000 unidades del Lambda, casi 4.000 de ellas de la octava serie, entre marzo de 1928 y agosto de 1930, hasta que fue sustituido en el otoño de 1931 por el Artena, un modelo más convencional y económico. El éxito que cosechó en Italia también tuvo su réplica en otros países. Así, entre 1926 y 1930, las exportaciones supusieron más del 40 por ciento de su producción.
A lo largo de su vida, el Lambda recibió numerosas mejoras. Las más destacadas se produjeron a partir de 1925 con las series cinco y seis, que incluyeron ya un cambio de cuatro velocidades, frente a las 3 de las versiones anteriores. En este año, Lancia ofrece la posibilidad de adquirir un Lambda con batalla larga en el que podían viajar hasta seis personas, dos más que en los modelos cortos.
Otra de las mejoras que recibieron los Lambda a lo largo de su historia fue el montaje de motores de más cilindrada y mayor potencia. Así, la séptima serie, que arrancó en 1926 y se prolongó hasta 1928, montó un motor de 2.370 cc y 59 CV, 250 centímetros cúbicos y 10 CV más que las primeras unidades.
Posteriormente, entre 1928 y 1931, las series ocho y nueve del Lambda estuvieron propulsadas por motores de 2.570 cc y 69 CV, que permitían alcanzar una velocidad máxima de 120 kilómetros por hora con un consumo de 14-15 litros cada 100 kilómetros.
A parte de triunfar en las calles, el Lancia Lambda también cosechó buenos resultados en la competición, ya que varias unidades finalizaron en las primeras posiciones de la mítica carrera Mille Miglia (Mil Millas) entre 1927 y 1931, con un recorrido de más de 1.500 kilómetros que comenzaba en Brescia y terminaba en la misma localidad tras discurrir por Modena, Bolonia, Siena, Ancona, Imola, Ferrero, Treviso, Vicenza, Verona y Roma, entre otras ciudades.
JAIME ARRUZ

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